jueves, 29 de mayo de 2008
Por quién doblan las campanas
Aprovecho la penúltima entrada de estas páginas para contar otra historia más de la vida misma.
Hacer unos días celebrábamos la despedida a un canario – de Las Palmas de Gran Canaria -, que ha hecho tres meses de mili por estos lares. El pájaro aterrizó aterido de frío en Febrero –cambios tan bruscos de temperatura no pueden ser buenos para la salud – y poco a poco fue conquistando su everest particular.
He relatado muchas veces las sorpresas que uno encuentra en el entorno multicultural. Me vienen ahora a la memoria algunas más. Por ejemplo, la de aquella colega francesa de origen ugandés, oronda licenciada más negra que el carbon, que rompió con su novio porque la familia le recriminaba que este era de la tribu equivocada. O la de una antigua compañera de piso de origen indio que veía a su novio blanco e inglés a escondidas pero que, por presiones familiares, acabó pidiendo que negocieran el matrimonio con un primo suyo.
Cuento esto porque las sorpresas también se deparan a título doméstico y fue refrescante saber que el isleño se maravillaba al ver el Támesis caudaloso o los trenes rápidos de cercanías, porque, joder, no hay ríos como dios manda o trenes de verdad en todas las partes del mundo, entre otras, en las Islas Canarias. No sabemos lo que tenemos en el continente.
El canario y su tesis doctoral a medio hacer empezaron ganando su jornal cortando pepinos y tomates en los destinos más variados. Al cabo de un mes y medio estirando su inglés en cocinas de poca solfa consiguió convalidar su título de profesor de enseñanza escolar, lo que le permitió trabajar como profesor suplente en los colegios de alrededor. Aquí los profesores enferman con frecuencia – y mejor que me calle, que esto daría para otro capítulo.
Con valor y arte torero, impartió clases de historia y de filosofía a los gorriones locales. Poco importaba que él fuera profesor de educación física, le decían los directores de las escuelas, mientras mantuviera el orden en la clase y no se le desmadraran mucho. Todo con mucho please y thank-you, claro está, no fuera a ser que se ofendieran los animalitos. Vaya hervidero de pequeños cabrones se está cocinando en este país, nos contaba.
Pero dónde vas, criatura, - le exhortábamos sus paisanos en vísperas de su retorno a las islas afortunadas - si ya has pasado lo más difícil, ahora que vas el viento de cola y con mucha carrerilla? Tiene válidas y variopintas razones para reemprender el vuelo aunque, en resumidas cuentas, se vuelve a casa porque vive de puta madre en su islote, que eso también cuenta.
Un gusto, Mr De Armas.
miércoles, 23 de abril de 2008
Ello Smith
Les contaba que me encontré con una pareja conocida, quienes habían tenido su bebé el mismo día que nosotros aunque la criatura estaba un poco debilucha y bajo observación médica. Cómo se llama vuestro bebé?, les pregunté con genuino interés de padre primerizo. “Aún no tiene nombre”, respondieron. Y cuando os dirigís a él, cómo le llamáis? “Ello (It)”.
Por el amor de los caballeros del santo sepulcro y la virgen de la cuenca del Guadalquivir, pensé para mis adentros. Le llaman “Ello” al bebé. Parece el nombre de la nueva fragancia de Calvin Klein. El neonato va a tener que recibir tratamiento psicológico en cuanto pueda articular dos palabras seguidas.
Para mi sorpresa, no era el único caso en el hospital, así que llamé a Darren, mi wikipedia personal para usos, asuntos e idiosincracia británica. “No es que esté criticando vuestras costumbres, querido, - le dije - pero manda huevos esto de no poner nombre a los recién nacidos”.
Parece ser que eso es relativamente normal en este país, me explicaba. Unos esperan ver la cara del nuevo retoño para ver a quién les recuerda y ponerle nombre, algunos confían en la inspiración del momento, otros pocos no se preocupan por el asunto… En fin, “de aquellos polvos, vienen estos lodos”
domingo, 13 de abril de 2008
Penalti y expulsión
Aparece entonces una muchacha que no creo que pasara de los dieciséis años, también embarazada, con evidentes signos de dolor, seguida de su noviete adolescente y la suegra. El chaval no sabía muy bien lo que hacer – como el resto de los varones que allí nos congregábamos, pero a él se le notaba más – y su mirada huía de todos aquellos que le acribillábamos con curiosidad. La suegra tenía cara de mala hostia y llevaba la voz cantante, como no podía ser de otra manera.
“Vaya penalti, criatura - pensé para mis adentros. Penalti y expulsión.” Lo que pasa por los calentones y las prisas que dirían los más amables, o por los beneficios sociales y las facilidades de acceso a la vivienda para los más desamparados, que dirían los más cínicos.
No sé porqué me sorprendí ya que el Reino Unido disfruta de la tasa de embarazo adolescente más alta de Europa Occidental (el doble que la de España, por cierto, aunque la mitad de la de EE.UU). Pasé trabajando cinco años en Bracknell (Berkshire), una ciudad notoria por la cantidad de jovencitas que, mientras sujetan el cigarillo con una mano y hablan por el móvil con la otra, empujan sus carritos de bebé con su bombo de siete meses. Vaya angelitos.
Al día siguiente, pululaba por los pasillos del hospital matando el tiempo cuando oigo detrás mío un “Eh, colega!”. Giro y, para mi sorpresa, era el el tímido zagal de la sala de espera. “Has tenido ya el bebé?” me pregunta y sin esperar respuesta se abalanza emocionado sobre mí y dice: “el nuestro acaba de nacer hace media hora”. Me da un medio abrazo sentido en una inusitada muestra de afecto británico y se despide diciendo “Suerte, colega”.
Aprovecha este rato de euforia, colega, porque en cuanto se te pase el subidón la suegra te va a poner firme.
viernes, 28 de marzo de 2008
Yo no he sido
Que no, que el de la foto no soy yo. Uno es vanidoso pero no tanto.Notaba un aumento de tráfico en la bitácora y acabo de caer en la cuenta que más de un despistado internauta esta aterrizando en esta página buscando lo que no hay. Ahora estoy acojonado. Cada vez que suena el telefono pienso que es la BBC.
He leido la noticia un par de veces pero aún ando confundido sobre quién en la pareja se cambió de sexo, quien dejó de tomar las inyecciones y quién lleva los pantalones en casa.
En fin, con suerte la próxima vez que aparezca por aquí ya estaré desembarazado y cambiando pañales a la criatura. En inglés, of cors.
martes, 18 de marzo de 2008
El saber no ocupa lugar
No es que me disgustara el plan pero tampoco era cuestión de recibir una llamada de auxilio de mi media naranja en medio del jolgorio para acabar jaleando a la parturienta en el hospital con una copa de más en un momento tan señalado. Sentido común, que dirían unos. Calzonazos, que susurrarían otros.
Un quiz es un concurso sobre conocimientos de cuestiones generales. La concurrencia del pub se distribuye en grupos se paga una o dos libras por cabeza, alguien lee las preguntas micrófono en mano y cada equipo rellene su hojita con las respuestas. Cuando terminan las preguntas, se intercambian las hojas, el del pub lee las respuestas y los equipos se corrigen los unos a los otros. Por supuesto, nadie hace trampas. Fair play. Qué gran civiilización. Los premios suelen ser una cantidad pequeña en metálico, una caja de vino o similar.
Con razón los concursos televisivos como “Quién quiere ser millonario” (Who wants to be a millionaire) o “El rival más débil” (The weakest link) son muy populares en el Reino Unido. Los quizes son un pasatiempo británico por excelencia y la gente hace gala de lo leida e ilustrada que es. Digo yo que el Trivial Pursuit, la variante de juego de mesa, es el producto intermedio entre lo del pub y lo que vemos en la tele.
Las preguntas son del estilo: “Quién fue el primer alcalde negro de Londres?”, “Cuál era el nombre del primer submarino ruso abatido en la Segunda Guerra Mundial?” o “Cuántas hamburguesas se pueden hacer con un caballo?”. Las discusiones entre pregunta y pregunta discurren en voz baja y hay cierto recelo entre los equipos. Doy fe que la gente se toma muy en serio estos concursos, que más de una vez algún españolito despistado, hastiado de su propia ignorancia, ha intentado boicotear el concurso con graciosos comentarios en voz alta ante las furiosas miradas de los presentes y veladas amenazas a su integridad física.
Yo he participado en algunas de estas “quiz nights” porque sucedía que estaba en el pub en el momento de su celebración, más que por acudir expresamente a su concurso. Recuerdo con orgullo mi introducción a esta competición olímpica.
Estaba leyendo el periódico en un pub en Edinburgo, despues de un soporífero día de trabajo, cuando se aproximó el landlord del pub y me preguntó si quiería unirme a un grupo para participar en el quiz de aquella noche. Por qué no, me dije. Media hora más tarde me estaba arrepintiendo de tal precipitada decisión.
El fuerte acento escocés que no entendía y mis escasos conocimientos de la historia y actualidad local fueron minando mi interés por el jueguecito intelectual. Así que, a medida que trasncurría el concurso, yo me abandonaba a las pintas de cerveza y dibujaba esa sonrisa tan común en aquellos que intentan disimular que no se están enterando de qué va la misa la media y que parecen que están puestos allí por el ayuntamiento, como las farolas.
Por fin terminó el turno de preguntas, y tras el recuento de las respuestas, mi equipo había conseguido el primer puesto empatado con otro equipo. Habría una pregunta más para dirimir el desempate. Qué emoción.
La pregunta que resonó por los altavaces del pub fue: “Qué cantante español de éxito internacional fue portero del club de fútbol del Real Madrid?" Después del desconcierto inicial, las miradas de mi equipo se posaron en mí, mientras la mía, ebria, seguía fijada en las lucecitas de una máquina tragaperras tan aburrido que estaba de aquel coñazo.
Ganamos el concurso y, en consecuencia, el primer premio: una caja con treinta y seis botellas de cerveza. Recuerdo que me metieron media docena de estas en los bolsillos del abrigo y me enfilaron en dirección a casa, no fuera a ser que no acertara con el camino. Parecía una vaca suiza. Por el tintineo de los vidrios, se entiende.
sábado, 15 de marzo de 2008
Piña colada sin alcohol
Digo preparativos pijos porque cuando uno paga por doce horas de instrucción de vuelo embarazado, lo que obtiene a cambio son magdalenas, zumo y café gratis, parejas profesionales de buen rollete como compañía y una comadrona-profesora rubia y comprensiva que ensalza las virtudes del parto “activo” y la implicación de la parte masculina durante todo el proceso.
Por el contrario, las tres horas gratuitas de enseñanza impartidas en el sistema sanitario público inglés corren a cargo de la descendiente directa de la oronda doncella negra en la película “Lo que el viento se llevó” ante la distraida mirada de varios obreros, un par de tocayos emigrantes ibéricos y algunos desempleados, además de sus señoras, parejas y compañeras. Empezó la sesión con un realista “Para qué nos vamos a engañar, llegado el momento esto os va a doler” acompañado de agua del grifo y útiles consejos como, por ejemplo, dónde aparcar gratis en el parking del hospital o cuál es la cafetería más cercana.
Las magdalenas estaban buenas pero apenas me acuerdo en qué consiste el parto activo. En cambio, aún rememoro con vivo detalle las recomendaciones de la centroafricana, incluida lo bueno que es la piña para tener un buen parto y la anécdota que contaba sobre aquella mujer que llamó al hospital preguntando si podía pelarla porque sospechaba que, de otro modo, se iba hacer daño.
No quiero pensar qué es lo que pensaba hacer con la piña.
jueves, 6 de marzo de 2008
Alimentando al felino
Resulta que tenemos la inmensa suerte de que una eminencia mundial en esto del breastfeeding practica en Reading. O sea, que es como una Ronaldinho pero no del fútbol si no de los entresijos que rodean a la succión del pezón por parte de tres kilos y medio de carne con ojos. Alabado sea el señor.
Modestia aparte, yo asistía al taller / curso / sesión con esa sensación de que podía ser tanto el maestro como el aprendiz. No es que me considere un experto mundial en breastfeeding pero uno ya ha hecho sus pinitos. Tentado estaba de explicar cómo ordeñé una vaca por primera vez (en Rebollar de Ebro, dónde si no), pero tras el escaso éxito de mis explicaciones veterinarias en anteriores clases pre-natales decidí en esta ocasión hacer mutis por el foro. Aún así, contaré aquí una fracción de mi experiencia granjera.
Yo tiraba de las ubres con tesón pero allí no salía líquido alguno.
- Relájate – oigo que dice mi amiguete Raúl, vaquero en aquellos tiempos (ingeniero lácteo lo llamarían aquí.)
- Me lo estás diciendo a mí o la vaca? – respondí frustrado.
En fin, vuelvo al relato original y dejo aquí aquella experiencia adolescente, que parece que últimamente no paro de hablar sobre vacas .
Entonces dijo la mía “Me acompañarás al curso, no?” Me encanta la forma con la que el universo femenino camufla las órdenes en forma de preguntas. Faltaba más, cielo. El apoyo de la pareja es fundamental durante el embarazo, como ya sabrá el lector a estas alturas de la bitácora.
Llegado el día de marras, y minutos antes de encaminarnos al hospital, caigo en la cuenta que no he cumplido con el deber encomendado: comprar un muñeco. Nos habían pedido que lleváramos un muñeco para simular las prácticas y a mí se me había olvidado comprarlo, lo que se estaba traduciendo en una acalorada discusión doméstica… para estrechar los lazos conyugales, que dirían los expertos en la materia.
Haciendo honor a mi pasaporte, encontré la solución al problema: un tigre de peluche. Improvisación española con mayúsculas. Creo que había comprado el animalito en el “duty free” de un aeropuerto americano hace tres años. El tigre tiene un tamaño algo mayor que el de un bebé y un cabezón considerable, con lo que salvando su clasificación en un capítulo distinto del reino animal, podía pasar por un recién nacido a los efectos del jodido curso.Así que allí nos ven, entrando por el hospital mi señora embarazadísima y yo con el tigre debajo del brazo. Abro la puerta de la clase, saludo con un hello con jota al grupito allí congregado y la cara de la experta mundial en breastfeeding al ver al tigre era todo un poema. No sabía si reir o llorar.
Media hora más tarde, en medio de las “prácticas”, empiezo a dar vueltas por aquella clase, abriendo y cerrando cajones.
- Le puedo ayudar en algo? – me pregunta la entendida, muy solícita ella.
- Busco una tijera.
- Para qué quiere una tijera?
- Es que los bigotes del tigre me hacen cosquillas.
viernes, 29 de febrero de 2008
Una de soponcios
- Ya – respondo monosilábico
- Tú vas a estar presente?
- Igual
- No serás de los que te desmayas en cuanto el tema se pone feo?
- Quizás.
“No sería la primera vez”, pienso mientras me vienen a la cabeza ciertos recuerdos. Trabajaba por aquel entonces como “experto” en un hospital privado irlandés y aquel día me encargaron “tomar notas” en el quirófano número 2. Allí estaba yo, cuaderno en mano entre las enfermeras, el cirujano y el anestesista, poniendo cara de enterao cuando no tenía ni puñetera idea de lo que estaba pasando. La belleza de ser “consultor”.
La operación era una artoscropia a una anciana. Había un monitor de televisión por el que el cirujano guiaba sus artes y no se veía una gota de sangre o un centrímetro de piel. Lo que avanza la ciencia, reflexionaba mientras seguía atento la película.
“Qué calor hace aquí”, me dije para mis adentros. Aquella sensación iba acrecentándose hasta que me dí cuenta que allí el único acalorado era yo y que mi cuerpo no respondía a las órdenes de mi cerebro. Me iba a desmayar. "No me jodas, acerté a decirme, que de esta te echan a la calle".
Tuve el tiempo justo para abrir la puerta del quirófano y caer de bruces inconsciente en una camilla que había en el pasillo. No sé cuánto tiempo permanecí allí, quizá diez minutos, hasta que una enfermera que pasaba por allí acudió a mi auxilio. Entonces entendí el origen de la expresión “verguenza torera”.
Me incorporé, atusé mi atuendo y empecé a balbucear: “Que me dejen solo, que entro de nuevo”. Decía esto y otras tonterías ininteligibles en mi lengua materna, según se contaba luego en los corrillos del aquel hospital. Solo me faltaba el capote, la espada y el torniquete aliviando la cornada. “Tú ven aquí, cordero, que te voy a dar un café a ver si recuperas el color mediterráneo original”, debió decirme aquella enfermera con cara mustia, como la de una madre soltera con hijos en el servicio militar.
Media hora más tarde entré de nuevo al quirófano, con el orgullo herido, ante las sonrisitas de todos los presentes. Eso sí, entonces viendo la película desde la puerta, que para qué iba a molestar allí tan cerca. Por meterme donde no me llaman.
- Y has decidido si vas a ser tú el que corte el cordón umbilical al bebé? - continuaba preguntando el pesado.
sábado, 9 de febrero de 2008
Ensayos de partero - parte 2
Sobra decir que muchas vacas gastaban nombre propio en Rebollar de Ebro, aldea díscola de varias docenas de habitantes y, en aquellos tiempos, una quinientas reses lecheras. Un vecino tenía una vaca de nombre Carolina y cuando nació la primera nieta a esta la llamaron también Carolina. Si las vacas no tenína nombre propio, se las trataba de “morena” o “rubia” por razones de su pelaje. Eso también explicaba la familiaridad con la que algunos de mis amigos vaqueros perseguían el ganado femenino durante nuestras incursiones nocturnas en las discotecas de las ciudades próximas (Reinosa o Aguilar de Campoó) y por lo que más de uno se llevó una bofetada en lugar de una coz.
En fin, que me pierdo. Les decía que allí estaba la vaca Juliana, postrada en su cuadra con notable dolor, las pezuñas de su hija vaquita asomando a este mundo, excremento por todas partes y yo, petrificado vestido inmaculado de marinero. La madre de mi amigo aplicó jabón de largarto en los bordes de la dilatada vagina de la vaca , le ató una cuerda a las pezuñas de la ternerita, me dió el otro extremo y me dijo: tira cuando te diga.
“Y así vió la luz del día una criatura más”, terminé contando a mi audiencia. "Cuentan estas horas de vuelo?"
viernes, 8 de febrero de 2008
Ensayos de partero - parte 1
Eramos ocho parejas embarazadas en un impoluto gimnasio de un centro cívico en Reading. La estampa me recordaba a antiguos (y fallidos) intentos de mejorar mis dotes bailarinas y donde al cambio de canción pide cambio de pareja y uno se encuentra rezando: “La gorda, no, que no me toque la gorda desdentada”. Claro que en esta ocasión, allí todas estaban gordas y ya tiene uno suficiente con los humos de la suya como para preocuparse por los incendios de las de los demás.
“Esto del parto es la primera experiencia para los todos aquí reunidos?”, preguntó la profesora-comadrona esperando la confirmación expresa del personal. Entre el cabeceo afirmativo de los presentes yo alzo la mano orgulloso y digo: “Esta va a ser mi tercera vez.”. Se hizo un silencio que se podia cortar con una navaja de albacete, sin mencionar la cara de mi media naranja, más palida que la del cura de la película El Exorcista.
“Yo ayudé a parir a dos vacas en Rebollar de Ebro, así que esta va a ser la tercera (no vaca, sino vez) si es que valen lo mismo”, expliqué. Y ante la perplejidad general, tomé la venia sin permiso y pasé a compartir mi primera experiencia como partero con el detalle que contaré mañana.
jueves, 31 de enero de 2008
Pariendo en arameo
Los servicios de maternidad de la sanidad británica están al límite de sus recursos. Uno de cada cuatro bebés que nacen en Inglaterra es de madre extranjera, proporción que asciende a seis de cada diez en Londres. Se gastan 200 millones de libras (300 en euros) más que hace diez años para cubrir la nueva “demanda”. O sea, es mi culpa. Y también es de los polacos, que han venido como hordas a este paraíso para parir. Hay que joderse…
Luego pasa lo que pasa: los diarios serios se hacen eco de la noticia, la prensa sensacionalista la da dos vueltas de tuerca y llega el día cuando el parto de la mujer de un imbécil nativo se complica, la comadrona no aparece porque está con una coreana y el cabeza cuadrada le da por agredir a todo aquel que no tenga bombin ni paraguas porque ha leido en el periódico y visto en la tele que la culpa de que su mujer no tenga la mejor de las atenciones es de los extranjeros.
La noticia también ha llamado la atención de una amable lectora de esta bitácora (qué cursi me está saliendo esto), quien envió un comentario ayer y que reproduzco parcialmente a continuación:
“[…] yo soy una emigrada que dio a luz hace tres años aquí en UK. Buena suerte. No se si viste la BBC ayer, pero parece que ahora nos echan la culpa a las non-Brithish mothers por la masificación de los servicios de maternidad en este pais. […]”
Una solución que se me ocurre sobre la marcha es que cada parturienta aparezca con su propio equipo médico. Igual que hacen los peluqueros y los cocineros en muchos sitios, donde acuden a trabajar con juegos de tijeras, cuchillas, cuchillos y demás abalorios de su propiedad. En el caso que me ocupa, por ejemplo, yo llevaría a la comadrona, los fórceps y un bocadillo.
Algún contacto ya tengo. En mi época adolescente anglosajona, coincidí con un par de sevillanas enfermeras que estaban sacando el título de comadrona (mid-wifes) en Reading. Una de ellas ya estaba haciendo planes para asistir los futuros partos de sus amistades, a lo que recuerdo responder desconfiado que llegado ese momento yo no las tendría todas conmigo porque “en lugar de ayudarme a dar a luz a la criatura, igual me sacaba una botella de JB en su lugar”, de tanto que le gustaba empinar el codo.
Puede que tenga que comerme aquellas palabras con la ayuda de los fórceps dentro de unas semanas. Por bocazas.
PD. "Al césar, lo que es del césar" y es de justicia recalcar que el tratamiento informativo de la noticia es exquisito. Se culpa a los politicos por la falta de planificación. Como deber ser. Más aquí.
martes, 29 de enero de 2008
De lleno en el 'fregao'
- A dónde vas con tantas fregonas (o “mochos” al otro lado del Atlántico) - me pregunta con sorna. Te estás preparando para cuando rompa aguas?
Qué humor tan simpático gasta el condenado.
- Las fregonas son para mi mujer.
- Eso suena un poco machista, no crees?
- Al contrario – le digo. Lo hago por su bienestar.
Y a continuación le explico mi teoría, convenientemente contrastada con los más modernos avances médicos.
He leído que las mujeres de hoy en día tienen más dificultades en dar a luz que antiguamente. Una de las causas citadas es el hecho de que se vuelven muy pasivas cuando se encuentran en avanzado estado de gestación y apenas hacen ejercicio. Resulta que la posición que se adopta para fregar el suelo es muy parecida a la posición de dar a luz por lo que repetir tal actividad es beneficioso para el parto.
- Y mientras ella friega, tú qué haces?
- Yo la animo y la ayudo con las respiraciones... desde el sofá, claro está.
domingo, 20 de enero de 2008
Gallegos nigerianos
Reconozco que entré en la consulta desconfiado al oir su inglés ininteligible y con el escepticismo propio de aquel que no recuerda el nombre de la capital de Nigeria y por ende duda de si existe la universidad de medicina del mismo nombre o al tipo le dieron el título en una promoción de galletas.
Pero aquí paro el relato, acuciado por un raro ataque de humildad. Me he mirado al ombligo (en el sentido metafórico, puesto que aquellos en avanzado estado de gestación nos quedamos sin ombligo) y he recordado mi encuentro con un doctor gallego de buena reputación en un hospital irlandés hace algunos años.
Resulta que el galeno españiol había aterrizado en Dublín para realizar unas prácticas después de haber terminado la carrera de medicina. Doce años más tarde, allí seguía, casado y con dos hijas. Contaba que nunca dejaría de agradecer la ayuda que le prestaron las enfermeras irlandesas en sus comienzos trabajando en aquel hospital. Era incapaz de entender el inglés de muchos de sus pacientes y si no hubiera sido por la traducción a un inglés más urbano por parte de las enfermeras o bien se hubiera pegado un tiro o bien habría matado a otros con los tratamientos equivocados.
Imaginaba yo entonces a algún incrédulo irlandés esperando en su consulta y preguntándose dónde diablos está Galicia y si allí les dan el título de medicina al comprar un jamón ibérico. En fin, “por la ignoracia nos equivocamos, y por las equivocaciones aprendemos” (proverbio romano).
lunes, 14 de enero de 2008
Ilegítimos
En fin, decía que ha venido la matrona, quien por cierto olía mal. Igual es que vino corriendo. “Hoy tienen que elegir el menú del parto”, nos ha dicho muy profesional. Jo, qué detalle. Viva la madre que parió a la reina Isabel.
“Para mí lo que sea, pero con patatas fritas”, digo si ánimo de ser gracioso. La matrona alza los ojos del formulario, cruza la mirada con mi señora y hace un mohín con la boca, como sintiendo pena por lo que le espera a la criatura.
“Me temo que no es esa clase de menú. Se trata de las distintas opciones que ustedes tienen para un parto a su gusto”. Y a continuación pasa a recitar un largo listado con mil cosas para decidir: parto al agua o en casa; anestesia con gas, local, epidural, etcétera, etcétera. Incluso hasta si el padre va a querer cortar él mismo el cordón umbilical (si es que antes no se ha desmayado, claro está). Retiro lo de la cadena de producción anteriormente dicho. Viva el trato personalizado y el eau de chanel de la matrona. Esto debe ser mejor que viajar en business class con la British Airways. “Dónde estará la trampa?”, confieso que se preguntaba mi parte más española.
Las parturientas que han pasado por tal experiencia en ambos lados del Cantábrico parecen coincidir en su apreciación de que en el Reino Unido todo son opciones y respeto por los deseos de la individua mientras que en España te puedes dar con un canto en los dientes si no te toca una enfermera sargento reciclada de un plan de re-estructuración laboral de Iberia.
- Una preguntilla. Qué sabe Vd del riesgo de que nuestras grupos sanguíneos puedan ser incompatibles?
- Me temo que…
Uno no termina de acostumbrarse a eso de que las frases empiecen con el falaz “me temo…” (I’m afraid…)
- Me temo – repite – que no va a ser posible que le ayudemos. Nosotros no nos metemos en eso.
- En eso?
- No hacemos ninguna prueba al varón porque no queremos meternos en líos.
- En líos??
- Es que - dice entonces bajando la voz inclinándose hacia nosotros - hay una gran proporción de padres que resultan no ser los padres biológicos de la criatura.
Ya me parecía a mí que hay mucho bastardo suelto…
miércoles, 2 de enero de 2008
Hablando a solas
- Le hablas al bebé? - me preguntaron.
- Vaya tontería. Cómo voy a hablarle a un bebé que aún no ha visto la luz del día? - respondí con condescencia a mi interlocutor.
- Eso está mal. El feto escucha, reconoce sonidos, y al nacer identificará la voz de quien le ha estado hablando al otro lado de la barriguita.
"Joder, ya puedo ir dándome prisa y contarle mi vida durante lo que queda de gestación - pensé para mis adentros. Como me descuide, la criatura va a pensar que su padre es el jefe bocazas que tiene mi media naranja y no es cuestión de confundir al retoño."
miércoles, 12 de diciembre de 2007
Tomando decisiones
- Tenemos que tomar una decisión - me ha parecido escuchar, aún embuido en mis pensamientos domésticos.
- Votemos - suena otra voz.
- Quién está a favor? - oigo que dicen.
Joder, “a favor de qué?”, si llevo media hora sin saber de qué va esta misa, pienso para mis adentros con gesto compungido.
- Tú que votas? - me preguntan.
Mudo. Me quedé mudo. Mi silencio parecía interminable. En España pensarían que eres tonto; aquí el silencio se intrepreta como que estas pensando. Y no lo interrumpen. De repente noto una patadita en mis extrañas. Otra más fuerte, medio segundo más tarde. Ya está. El bebé está opinando. Una patada debe ser “sí”.
- A favor - digo
- Y sobre el nuevo plan?
Noto dos pataditas. De perdidos al río, me digo. Otros deciden tirando una moneda al aire.
- Esto no lo veo tan claro.
- Estonces todos estamos de acuerdo. Así da gusto – sentencia el líder del grupo.
Si es que los niños de hoy en día nacen muy listos, decía mi abuela. Eso espero, o acabo arruinando a la empresa en los tres meses que quedan de embarazo.
viernes, 16 de noviembre de 2007
Un brindis prenatal
Así que vengo ahora mismito del Tesco, la cadena de hipermercados líder en este país, de comprar un vino para ayudar al embarazo. Por prescripción médica, se entiende.
Contrariamente a lo que sugiere el mencionado estudio, el médico me ha asegurado que no puedo consumir alcohol durante la gestación. Bueno, poder, lo que se dice poder, puedo… pero no debo. Bajo ninguna circunstancia? le pegunto ansioso. Solamente hay un momento donde se aconseja beber alcohol durante el embarazo, se corrige el galeno: cuando esté a punto de dar a luz, para relajar el cuerpo y así facilitar las contracciones. Ya puedes ir eligiendo la añada, me apresura. Tiempo me ha faltado para ir de compras a la vinoteca.
En estos casos siempre recuerdo la anécdota de aquel de mi pueblo que fue a sacarse una muela. Tumbado en la silla, con la boca abierta, escuchó el sonido del taladro y entonces le agarró al dentista de los huevos y le dijo mirándole a los ojos: “a qué no nos vamos a hacer daño?”
Pues en el paritorio, pasará lo mismo. Paseaba por el supermercado y entre tanta oferta vinícola me he decidido por un tinto búlgaro. Dudo de su calidad, pero la botella tiene el cuello largo… para asiarla con más facilidad en caso de que la epdidural falle y entre contracción y contracción tenga que amenazar con atizar al doctor o la comadrona de turno: “a que no nos vamos a hacer daño?”
sábado, 3 de noviembre de 2007
Matasanos sin corazón
Concerté cita con el médico de cabecera (médico de familia, GP o general practitioner, en inglés). Los GPs en este país cobran una media de 100.000 libras (150.000 euros), que no es poco por tener que preocuparse de tres catarros, dos diarreas y un embarazo no deseado al día. Una gran proporción de ellos son de origen asiático. Sobra decir que los GPs, aunque se quejen mucho, viven como dios (o como alá, según convenga).
Recordarán que hace un par de meses detuvieron a unos cuantos médicos asiáticos acusados de planear ataques terroristas en el Reino Unido. Todo empezó cuando un par de ellos intentaron atentar contra el aeropuerto de Glasgow con un jeep lleno de explosivos. Entretenido en esos pensamientos, me dirigía a la consulta del GP pensando que uno es muy viajao y no va a caer en el error de juzgar a todos los médicos asiáticos como terroristas, de la misma forma que no todos los vascos levantan piedras ni todos los sicilianos son mafiosos.
- Usted dirá en qué le puedo ayudar – me pregunta mi GP del medio-lejano oriente, con la mejor de sus sonrisas y parte del desayuno todavía incrustado entre los dientes
- Mire señor doctor, esto va a ser breve.
- Dígame, qué le pasa?
- Pasarme, pasarme, lo que se dice pasarme, no me pasa nada.
- En efecto, esto sí que va a ser breve.
- Quiero decir, que ahora que estoy embarazado y voy a ser padre, estaba pensando en hacerme un análisis de sangre para ver qué tal me encuentro.
- Pero usted se encuentra bien?
- Como un toro, señor doctor.
- Y no le duele nada?
- Nada, nada.
- Pues si se encuentra bien y no le duele nada, es mejor no indagar mucho, no vaya a ser que encontremos algo malo. Así que vamos a dejar las cosas tal como están.
Entonces se levanta, me da una palmadita en el hombro, abre la puerta de la consulta y grita: “Siguiente!”
Joder con estos terroristas de bata blanca – pensé estupefacto. Qué poco candor muestran con sus víctimas!
jueves, 1 de noviembre de 2007
Las cosas son lo que parecen
Afortunadamente, la ciudad donde yo pago mis impuestos municipales o bien no es tan diversa como otros lugares o bien presenta minorías con tradiciones más universales. Así que hoy tocaba averiguar si el churumbel está evolucionando como dios manda y si tenemos que pintar la habitación de color azul o rosa.
- Vamos a ver qué es lo que vemos aquí – dice la doctora señalando una pantalla donde seguramente pone siempre la misma película en blanco y negro a miles de parejas.
- Pues yo no veo nada.
- Mira, mira, parece que es…. – se entusiasma la galeno con tono casi infantil.
- Alto, un momento, quieto parao!!! - elevo la voz amenazante mientras me incorporo de la mesa camilla – Qué es eso de que mi bebé “parece que es”?? O ‘es’ o ‘no es’. Ha visto Ud. alguna vez un bebé del sexo “parece que”?? Pues no, así que déjese de regodeos literarios y dígame claramente qué pintura encargo.
lunes, 29 de octubre de 2007
Ni a las duras ni a las maduras
Quince almas hemos trabajado diez horas gratis para una organización caritativa que cuida de discapacitados físicos y mentales. No solamente hemos trabajado por la cara sino que además nuestra empresa ha pagado a una compañía intermediaria que se encargaba de coordinar la actividad. O sea, que “además de ser putas hemos puesto la cama”, como rezaría el refrán popular. Todo por una buena causa, dicho sea de paso.
Se trataba de arreglar el jardín privado de uno de los centros de la organización. A mí me han debido notar la tripita de cuatro meses y, para evitar que me agachara, me han dado unas tijeras de podar y me han señalado un árbol para que “le diera un repaso”. Allí me ven, con cara de “Eduardo Manostijeras”, con más peligro que un niño con una pistola de agua. Una hora más tarde los responsables se miraban con cara disgustada. Más que un “repaso”, he pelado el árbol entero. “Y ahora cómo va a dar sombra a los enfermos”, me preguntaban acusadores. Sombra? Pero qué coño de sombra, si para hacer sombra tiene que haber sol. Es que aquí alguien ha visto salir el sol en los últimos cuatro semanas? Pues eso. En fin, ya crecerán otra vez las ramitas del árbolito de marras.
Así que durante unas horas nos hemos conocido mejor los unos a los otros haciendo la manicura a las plantas, hemos pasado un rato ocioso - que no todos los días se come gratis y no se da un palo al agua - y he podido confirmar que el que es un zorro en la oficina es un zorro fuera de ella.
La jornada transcurría sin sobresaltos hasta que nos han pedido un verdadero esfuerzo. La última parte de la agenda del día consistía en compartir mesa y mantel con el grupo de disminuidos severos que disfrutarán de nuestros mejoras en el jardín. La escena no era muy agradable: enfermos en sillas de ruedas, babas deslizándose por las comisuras de sus labios, gritos guturales, miradas perdidas en el horizonte. Cada uno tenía un cuidador - familiar o voluntario - asistiéndole en todo momento con una dedicación, dignidad y entereza dignas de encomio.
El equipo en general - sin entrar en individualidades – ha hecho oídos sordos a participar de la merienda. Se aplicaba con mayor esfuerzo si cabe a remover hierbecitas y cortar ramitas con la excusa de “se va a hacer tarde y hay que terminar la tarea”. “Descansad un momento y uniros a nosotros” – nos sugería el director del centro cada cinco minutos. La mayoría, escondidos en el anonimato del grupo, no se daba por aludido y alguno miraba de soslayo a los enfermos sobresaltado por sus sonidos indescifrables.
Los enfermos se marcharon, la mitad de la merienda quedó sin tocar, el organizador nos congregó para agradecer nuestro esfuerzo, nos dimos unas palmaditas en la espalda felicitándonos mutuamente por lo bien que había quedado el jardín y nos fuimos al pub con la conciencia tranquila.
Team building, lo llaman. Qué pena dimos.
