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sábado, 29 de marzo de 2008

Solidaridad hospitalaria

Es muy español esto de pasar las horas muertas en un hospital. A más de uno le sonará familiar la estampa de ese allegado ingresado por unos días y todo el elenco de familiares, amigos, vecinos y otros pegaos dándose relevos para no dejar solo al enfermo ni un minuto, pasando la noche en vela en una butaca incómoda, “no vaya a ser que necesite algo”. Para nada, con más frecuencia que no, porque para eso están las enfermeras y demás plantilla sanitaria. Dirán que el uso de tanto tiempo y esfuerzo humano es improductivo pero la compañía reconforta, las relaciones se estrechan y “hoy por ti, manaña por mí”.

Esto contrasta con la experiencia del enfermo anglosajón. Les cuento el caso de una familia británica amiga que me impactó especialmente y que ilustra bien las diferencias entre una sociedad y otra, con la confianza que da una muestra de una familia entre veintitrés millones.

Chris es un apreciado ex-compañero de trabajo, inglés, padre de una familia encantadora e hijo y nuero de dos familias muy “normales” y típicas en el país. Su mujer dió a luz su segundo vástago y el el parto fue horrorosamente mal. Ella acabó en la unidad de cuidados intensivos y el bebé fue trasladado a un hospital infantil a dos horas de distancia.

Comprenderán que el hombre pasó los peores días de su vida. Acompañó a su esposa en su recuperación mientras que su recién nacida hija pasó varios días sin tener una sola visita en el otro hospital. Yo asistía atónito a su relato, una vez que todo pasó a ser un mal trago, y no podía evitar preguntarme una y otra vez: “Y los padres y suegros (todos jubilados)? Y los hermanos? Y los amigos de siempre? Y los vecinos? Dónde estaban todos?”.

jueves, 20 de diciembre de 2007

Caídos del cielo

La zona de “Llegadas” de los aeropuertos es uno de sitios más felices del mundo. Da gusto ver las caras de aquellos que están allí esperando. Hay una mezcla de anticipación, de excitación contenida, de impaciencia. Niños esperando a sus abuelos, madres aguradando a sus hijos, amigos a doquier. Incluso hasta esos pobres chóferes con letreros tipo “Mr. Smith – IBM” no pueden ocultar las ganas de recibir a su viajero misterioso.

Estaba ensimismado en estos y otros pensamientos cuando apareció mi suegra empujando el carro por la puerta automática. Me miraba de reojo, mascullando algo del estilo “a ver qué leches vas a escribir en ese blog tuyo esta vez que apenas traigo equipaje.”

Cada uno suele tener una suegra favorita y esta es la mía.

viernes, 9 de noviembre de 2007

La abuela vudú

Llego a la oficina y me reciben con un: “Qué bufanda más bonita vistes”. Es un regalo de una de mis abuelas políticas, respondo, y sin esperar réplica alguna empiezo a contarles la historia de la bufanda.

Mal y mal. Dos veces mal! Cualquier novato en temas anglosajones sabe que estos nativos saludan con una pregunta pero eso no quiere decir que te lo estén preguntando de verdad. El ejemplo más manido es cuando te encuentran y preguntan: How are you? (Cómo estas?), que es una forma de sacudir la cabeza y reconocer tu presencia. Más de un extranjero se ha parado para contárles sus penas para a continuación comprobar que el sujeto ya ha dado la vuelta a la esquina.

Y mal también porque les mentas la abuela política, para ellos una institución similar al Yeti o al monstruo del Lago Ness: han oido hablar de ellos pero nunca los han visto con sus propios ojos. Si muchos de ellos no tienen madre, aún menos saben de su abuela y absolutamente nada de su oponente política.

Una de mis dos abuelas políticas es profesora aún en activo, profesional del microondas, octagenaria internauta -me suele enviar ficheros con humor inapropiado para menores de edad-, escucha la BBC con un conocimiento del inglés carcomido, tiene más arranque que un miura y, en su última visita a Londres, atentó a cabezazos contra una maqueta sita en la entrada de la National Portrait Gallery. Dicen que tropezó bajando las escaleras aunque yo sospecho que ella reclamaba las Malvinas. La maqueta quedó intacta, gracias por preguntar.

Les cuento también que de la misma forma que la anciana señora cuida del abrigo de mi cuerdas vocales, quizá agradecida por haberme enchufado a la nieta fuera de garantía, yo siento que mi integridad física está continuamente en el candelero. Son todo parabienes hasta que llegue el día donde yo meta la pata. Entonces, susurro a mis colegas, ella buscará entre sus álbumes, sacará las tijeras de coser y empezará a recortar mi cabeza de todas las fotografías donde yo aparezco. La María Antonieta seguramente tuvo un descabezamiento más digno.

Por el momento, tengo el pescuezo calentito y a buen recaudo, pero mejor sea que no baje la guardia. Por la cuenta que me trae.

martes, 21 de agosto de 2007

Divina presencia

Esto de vivir en un islote tiene sus ventajas. Una de ellas es que uno acaba acostumbrándose a tomar un avión como quien toma un autobús urbano. Lo curioso es que te desean “buen viaje”. Me conformo con que lo tenga el piloto – suelo responder - porque si no, vamos jodidos.

A falta de experimentar aún aterrizajes forzosos o pérdida de presión en la aeronave, sólo hay una cosa que realmente me pone nerviosillo cuando doy con mis huesos en un avión: volar con una monja al lado. Y este domingo pasado, volviendo de una escapada al levante español, logré viajar con dos del ramo por el precio de una. Ave maría purísima (con pecado concebido), casi me da un patatús. No me pregunten a qué equipo (orden) pertenecían porque no me sonaban mucho los colores del traje. En realidad, parecían más bien el dúo arbitral.

Como les digo, me entra cierto desasosiego cuando comparto con las susodichas los espacios tan estrechos que nos brinda la aerolínea de bajo coste de turno. Amén de que nunca sé muy bien cómo dirigirme a ellas: hermana, madre, señora, señorita, churri, chati…? Así que procuro no hablar con ellas para no pecar de descortés.

He observado que cuando el avión empieza a acelerar por la pista, las monjas se persignan, lo cual me suele mosquear bastante porque siempre pienso que saben algo que yo no sé con eso de que tienen conexión directa con el jefe supremo.

Durante el viaje, se pasan todo el rato rezando y sobeteando un rosario. Por cierto, un rosario que a veces podría calificarse como arma blanca, que con menos herramienta he visto yo a Sylvester Stallone asfixiar a más de un malhechor. Una sor del pasado domingo también lucía un crucifijo que dudo mucho que hubiera pasado por el control de seguridad. Le mecía del pescuezo y en una de esas casi me abre la cabeza cuando fue a alcanzar su equipaje de mano. A ver cómo lo hubiera contado yo en casa, después de haber pasado un fin de semana inspeccionando la noche valenciana.

El avión aterriza y la monja musita “Gracias a Dios”. A dios??? A dios no lo sé, pero al comandante Jacinto Rodriguez, que así se llamaba el fenómeno que aterrizó aquella chatarra voladora en medio de la borrasca, le tendrían que haber levantado un monumento.

domingo, 20 de mayo de 2007

Se acabaron las vacaciones

Dicen que lo mejor de las vacaciones es contarlas pero no voy a aburrir al personal con vanas historias aunque estoy muy tentado. Las dos semanas de ausencia de mi patria adoptiva para disfrutar de la compañía de mi familia política incluyeron dos intentos interrumpidos de suicidio – cobarde que es uno – y un plan abandonado de homicidio de grupo cuando de visita al lago de Banyoles que hubiera engrandecido la leyenda negra de éste. Por lo demás, todo fue muy bien.

Para satisfacer la vanidad propia únicamente contaré varias anécdotas:

“Para ir al
Santiago Bernabeu, por favor?”. Pregunta de mi suegra a un supervisor ferroviario a las afueras de Barcelona cuando comprábamos los billetes para ir a ver el partido de fútbol Barcelona-Betis. Pensé entonces que allí encontrábamos una muerte temprana.

“La madre que lo parió. El único japonés alto del mundo y me toca delante mío en un teatro checo”. Comentario en voz alta de un paisano español sentado unas butacas más atrás cuando una manada de japoneses invadió las primeras filas de un teatro en Praga.

“Your suitcase is not here, it is up (su maleta no está aquí, está arriba)”. Respuesta de la asistente de la oficina de reclamaciones de equipajes extraviados del aeropuerto de Praga señalando hacia el cielo cuando le pregunté dónde leches estaba mi maleta.

“Depende”. Respuesta a coro de un gallego, un madrileño y un vasco - sin conocernos los tres - cuando un inglés nos pregunta si
Cadaqués no era España después de encogernos de hombros por no saber traducirle lo que dice la inscripción de uno de los monumentos más turísticos de la localidad.

“La virgen!”. Susurro de quien esto escribe cuando le dicen que la ópera que estaba a punto de presenciar en directo en Praga dura dos horas y cuarenta minutos.

jueves, 3 de mayo de 2007

Maremoto o matriarca-moto?

Me encuentro nerviosillo. Pensarán que es por la despedida laboral de manaña o quizá por el nuevo trabajo que se avecina. Frío, frío. Resulta que mi suegra aparece por este continente en un par de días, un fenómeno transatlántico sólo comparable al de El Niño. Definición de El Niño según Wikipedia: “síndrome climático, erráticamente cíclico, que consiste en un cambio en los patrones de movimientos de las masas de aire provocando, en consecuencia, un retardo en la cinética de las corrientes marinas normales, desencadenando el calentamiento de las aguas sudamericanas; provoca estragos a escala mundial”. Pues esta es mi suegra, sin duda.

He comprobado que esta bitácora tiene lectores en países latinoamericanos y yo juro conocer sólo a un puñado al otro lado del charco. Tengo entonces la sospecha de que se trata de una silenciosa conspiración por parte de mi suegra por convertir esta bitácora en el próximo guión cinematrográfico de ‘Betty el feo’ o un ‘Bridget Jones’ masculino de la vida y, con las rentas, liberar a su hija de cualquier obligación laboral. No caerá esa breva.

En fin, que aguardo impaciente la llegada de esa figura aún esbelta y juvenil después de tantos años de ejercicio físico y férrea dieta. Dicen las malas lenguas que tal transformación comenzó cuando un día se dirigió al mostrador de facturación en un aeropuerto y el observador azafato le reconvino:
- Señora, usted lleva sobrepeso.
- No puede ser! – se quejó mirando las maletas.
- Sí, y su equipaje también.

Suegra, ya te estaba echando de menos.

miércoles, 25 de abril de 2007

Felices en Reading

Me hago eco de los resultados de una encuesta que evalúa la felicidad y la satisfacción personal de los ciudadanos adultos de quince países europeos. Los daneses figuran como los que más felices y más satisfechos con su vida se sienten mientras que los portugueses e italianos son los más infelices. El Reino Unido ocupa el noveno lugar y España el décimo. Sorprendido? El estudio aporta curiosas conclusiones y desmiente algun tópico.

Lo anterior contrasta ligeramente con un estudio de Unicef que concluía que los niños españoles están entre los más felices de Europa mientras que los niños británicos se sienten los más miserables. Cabe entonces deducir que, con la edad, los españoles se vuelven más insatisfechos mientras que a los británicos se les alegra la vida? Qué curioso. A bote pronto, no se me ocurre una explicación. Alguna teoría al respecto?

Cambio ligeramente de tema. Se publica el mismo día un ranking de los mejores y peores ciudades en el Reino Unido para fomar una famlia. El mejor de una lista de 408 de lugares es un pueblo escoceses. Y el peor? Reading. Vale que no sea gran cosa – “esto es una mierda” dijo mi padre cuando vino aquí por primera y única vez - pero tampoco es para echarla a los perros.

En definitiva, en una semana han prescindido de nuestra vecina Kate en la familia real inglesa y ahora han empezado con una campaña de desacreditación. Nos tienen manía.

lunes, 25 de septiembre de 2006

Al divan

Este domingo me concedieron la titularidad en el terreno de juego… por falta de jugadores, todo hay que decirlo. Inseguro de donde colocarme, el entrenador me pregunto por las cualidades de mi pierna izquierda, a lo que yo respondi que era del mismo tamaño que su gemela y que su unicio merito hasta entonces era acompañar a esta donde quiera que vaya. Transcurrido una hora de juego me encuentraron una posicion mas idonea en el campo: juez de linea (aqui solo el arbitro parece pseudo-profesional; cada equipo pone un asistente). El partido termino 1-0 a nuestro favor, gol en propia meta, yo con un banderin en la mano y cara de gilipollas.

Del terreno de juego a Londres en un periquete porque la suegra habia concertado almuerzar con un tal Freddy (o Freddie?), quien debia ser muy importante porque me sugirieron que vistiera para la ocasion. Asi que con ropa de ir a misa los domingos, muda limpia y recien afeitado, acudi con la manada argentina a su encuentro, mas relamidos que terneras en una feria de ganado. Freddy se presento como medico psiquiatra - un poco decepcionante porque en estos tiempos que corren, es mejor tener un conocido mecanico o fontanero. Eso sí, debe ser buen psiquiatra porque, visto el percal, tuvo el buen juicio de
tomar las de Villadiego nada mas acabar el dim sum. Cuatro horas mas tarde yo estaba llamandole para pedir consulta.

sábado, 16 de septiembre de 2006

160 kilos de suegra

No es que ella los pese - vive Dios que se conserva estupendamente y aparenta menos edad de la que tiene - pero calculo que el equipaje que traia pasaba de los cien kilos. En cuanto vi aparecer tanto bulto por la puerta de 'Llegadas' de Heathrow enseguida pense en ponerlo a la venta en ebay. Nuestro coche no es grande y circulando por la M4 a veces ibamos sobre dos ruedas. Si trajera un jamon, vale, pero me temo que todo van a ser trapitos y cuberterias. Con todo, bienvenida, suegra!

160 kilos de suegra

No es que ella los pese - vive Dios que se conserva estupendamente y aparenta menos edad de la que tiene - pero calculo que el equipaje que traia pasaba de los cien kilos. En cuanto vi aparecer tanto bulto por la puerta de 'Llegadas' de Heathrow enseguida pense en ponerlo a la venta en ebay. Nuestro coche no es grande y circulando por la M4 a veces ibamos sobre dos ruedas. Si trajera un jamon, vale, pero me temo que todo van a ser trapitos y cuberterias. Con todo, bienvenida, suegra!