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martes, 19 de febrero de 2008

Sólo para "británicos"

Para aquellos residentes en el Reino Unido únicamente, que para eso pagamos por ver la tele: esto va a sonar a publicidad gratuita pero la novedad lo merece. Lástima que no se pueda ver desde el “extranjero”.

La página web de la BBC ha inaugurado una sección donde se pueden ver sus programas de televisión más recientes. No se necesita descargar software alguno; únicamente disponer de una conexión de internet decente para ver los programas inmediatamente pulsando aquí.

Entre muchas programas de buena calidad, hay dos documentales que se han emitido recientemente que merece la pena destacar. Uno es sobre el arte en España (“The Art of Spain”, tres capítulos), interesantísimo, entretenido y narrado con mucho entusiasmo. Otro es una serie de documentales sobre animales de sangre fría (Life in Cold Blood, de David Attenborough), también muy entretenido.

Con suerte, la versión internacional para el resto del mundo mundial estará disponible en breve. Os mantendré al tanto.

domingo, 16 de septiembre de 2007

La nueva Armada

Algunos lectores seguramente están familiarizados con las ligas de futbol fantásticas (Fantasy Football). Son competiciones ficticias, paralelas a las ligas de fútbol reales, normalmente organizadas por periódicos de tirada nacional, donde uno tiene un presupuesto fijo, compra futbolistas para formar un equipo de acuerdo a precios fijados de antemano y se van sumando puntos según la actuación de los jugadores durante el fin de semana. Son populares aquí y creo que también en Espana.

Una de las ligas de futbol fantástica de mayor volumen en el Reino Unido es la organizada por el Daily Telegraph. Tiene casi 300.000 participantes (subscripcion: 6 libras por equipo). Las empresas suelen organizan sub-ligas donde los empleados compiten entre ellos. Fin del preámbulo.

En la empresa donde trabajo se han apuntado cincuenta empleados a su sub-liga fantastica. Se toma con relativa seriedad y es motivo de conversación dicharachera, especialmente los lunes por la manana cuando se actualizan las puntuaciones. Aunque cada uno guarda sus alineaciones con gran secreto, yo registré a bombo y platillo un equipo todo de españoles, rellené los huecos pendientes con un par de argentinos, un ecuatoriano y un brasileño y lo llamé Armada (No Armada Invencible, que uno es provocador pero no imbecil). Spanish Armada hubiera quedado mucho major, pero no muy preciso por su composición.

Hace dos semanas me nombraron Manager of the Week (entrenador de la semana), tan alta fue la puntuación que mis mercenarios alcanzaron en la verdadera liga de futbol inglesa. Se pueden imaginar que no dejé títere con cabeza en la oficina, restregando la superioridad latina a cualquiera que se ponía a tiro. Muchos ahora andan afilando los cuchillos, esperando la caida en desgracia del equipo cuasi-español.

Esto me lleva a anunciar que, a partir de ahora, escribiré una crónica futbolera muchos martes para contar las verdaderas tribulaciones de los futbolistas españoles (y algunos sudamericanos) en la Premiership, visto el pobre reflejo que los periódicos patrios hacen de nuestros compatriotas en el extranjero.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Famosillos

El fulano se llama Pete Doherty y es un impresentable. De profesión, músico (o cantante). Su presencia adorna continuamente los medios de comunicación británicos por las razones equivocadas. Resacoso perenne, consumidor habitual de drogas y novio (o ex, según la semana) de una de las modelos más conocidas del mundo (Kate Moss). La bella y la bestia (o los dos bestias porque a la susodicha también hay que darle de comer aparte).

Hace unas semanas entrevistaron a este elemento en la tele y perdí mi primer sueño esperando a que apareciera en antena, tanta era la curiosidad que tenía por saber cómo hablaba por esa boquita. Hasta George W. Bush resulta más articulado que él, y eso es decir mucho.

Me juego el pellejo a que en cada país de este mundo universal hay al menos un individuo o individua que en cuanto aparece en los medios, el pulso del lector se acelera y se despiertan sus instintos más agresivos. En España, me pasa con un tal Pocholo, de profesion, jeta. En cuanto le escuchas entiendes porqué algunos abogan por la pena de muerte.

Unos tienen la fama y otros cardan la lana, dice el refranero español. Aunque no todo está perdido. Siempre hay esperanza, y el que la sigue, la consigue, como se demostró hace poco en el concurso televisivo Britain’s got talent (Gran Bretaña tiene talento), donde artistas aficionados actúan en frente de unos jueces vanidosos que suelen degollarlos con críticas punzantes.

Un vendedor de móviles galés, tímido y medio desdentado, apareció en escena para cantar y lo hizo así de bien (va por ti, Pavarotti)



Acabó ganando el concurso y el premio en metálico con el que podrá pagar las deudas que acumuló por haber estado de baja laboral por enfermedad. Luego seguirá vendiendo móviles y la vida continúa…

domingo, 2 de septiembre de 2007

Un baile por Escocia

Ya tenía ganas de rememorar mis viejos tiempos en Escocia y el viernes pasado se presentó la oportunidad en Londres. Una sala organizaba una fiesta “ceilidh” y allá que fuimos, mi costilla y un servidor, a mover el esqueleto. Aquellos que me conocen bien saben que cuando toca bailar yo estoy encadenado a la barra del bar a lo Houdini y no hay intoxicación etílica ni ingestión de sustancias prohibidas que me desencadene. Ahora bien, una ceildh es una ceilidh.

La ceilidh es un tipo de baile tradicional escocés, muy sencillo, sin etiqueta en el vestir, no importa si te equivocas y donde lo importante es pasárselo bien. Yo lo he visto como parte de la organización de bodas y funerales en Escocia.

En aquel salón de Camdem Town éramos unas doscientas almas, organizados en grupos de cuatro o seis parejas que van cambiando aleatoriamente. Dicen que “de todo hay en la viña del Señor” y bien era cierto de que aquella congregación: gordos y flacos, viejecillos y muy jóvenes, torpes, guapos y feos, desaliñados, emperifollados… todo un arca de Noé pero unidos por un gran entusiasmo. El guía del grupo musical primero enseñaba los pases del baile que los músicos iban a tocar y nosotros lo ensayábamos. Luego, bajo su dirección y al ritmo de la música, todos intentábamos recordar los pasos con gran frenesí. Fue realmente muy divertido.

No hay pruebas gráficas de la noche y de mis dotes en la pista de baile pero adjunto un corto y graciosísimo de video de Cary Grant e Ingrid Bergman en una ceilidh que ilustra perfectamente el tipo de baile y lo bien que se lo pasan los protagonistas.

viernes, 10 de agosto de 2007

Temerario al volante

Las ojeras en el personal eran evidentes y las resacas de órdago. En fin, que cada palo aguante su vela, que todo el mundo es mayorcito para atenerse a las consecuencias de los excesos.

Nos trasladan a una granja reconvertida en un complejo de aventura, nos dividen en seis grupos y empezamos una competición en dos turnos. El primero, durante la mañana, consistía en correr con una cuchara sujentado un huevo y otras tonterías al uso. El segundo turno, en la tarde, fue mucho más excitante. Se trataba de conducir tanques, todoterrenos anfibios, quads, tiro de escopeta, tiro al arco. Todo muy bélico, la verdad, para un servidor, quien en lugar del servicio militar hizo la prestación civil sustitutoria en una biblioteca municipal.

El momento estelar transcurrió en un pequeño circuito oval de asfalto donde había par de viejos coches
Mini Cooper preparados para la competición. Esta consistía en dar cinco vueltas de calentamiento y luego otra más cronometrada. Llega mi turno, me atornillo el casco y empiezo a dar vueltas al circuito como un descosido. Sería por la excitación del momento o por la adrenalina nublándome la razón pero empecé a dar vueltas y más vueltas sin atender a las cuentas. El supervisor del circuito no paraba de gesticular para que parara pero yo seguía a lo mío, con cara de velocidad. Llegó a sacar una bandera negra (según me contaron) pero ni por esas. Mientras tanto, mis colegas asistían a la escena boquiabiertos.

Al final, el tipo tuvo la mala idea de ponerse a pie de pista para obligarme a parar, justo cuando salía de la última curva perdiendo el control del coche. Recuerdan como saltan las panteras? Pues eso no es nada comparado con el brinco que pegó el pobre hombre una fracción antes de verse atropellado. La expresión de mis colegas rayaba en la verguenza ajena. El director general preguntaba con estupor quien era el enérgúmeno al volante.

Diez minutos más tarde, cuando me trasladaba a la zona de los tanques para poner mis manos de seda sobre uno de ellos, puede escuchar en el walki-talki de un empleado: “Hay un loco con acento extranjero que ha estado a punto de pasarme por encima. No se os ocurra dejarle solo”. Pero ya no había quien me detuviera.

martes, 7 de agosto de 2007

De vuelta al cole

Me había prometido a mí mismo que no iba a usar el nuevo trabajo como fuente de inspiración para esta bitácora pero ya se sabe que la tentación vive en el piso de arriba y lo que no es, no es y además no puede ser. Al fin y al cabo, uno pasa casi la mitad de su día preocupado por ganarse las lentejas rodeado de humanos y sus circunstancias, y estas y aquellos siempre dan mucho juego.

Vengo de pasar un par de días de “team building” o, como lo traduciría de forma más elaborado un diccionario español, de fomentar el estrechamiento de lazos personales con mis colegas para que nuestro entente laboral sea más productivo y satisfactorio. Desde luego, no hay como el idioma inglés para sintetizar las cosas de la vida.

El tema consiste en lo siguiente: se alquila un hotel majo -con spa, gimnasio, buenas vistas – se reunen setenta colegas que hablan de pájaros y flores, el superjefe muestra su lado más caritativo y femenino, luego viene el copeteo, la cena, la tajada, la divorciada acosando al casado, el director de turno bajándose los pantalones y gomorra y sodoma. Desde luego, no hay como un español para aderezar de cinismo las cosas de la vida.

La noche – que es lo que importa - era temática: school disco. Es decir, todo el mundo se viste como cuando en sus años escolares: ellos con pantaloncitos cortos, camisa blanca y corbata chica, elllas con faldas cortas, mucho maquillaje y accesorios coloridos variados. Yo, que tuve una infancia muy normal en pantalones vaqueros, no sabía muy bien qué ponerme y me decidí por unos pantalones largos de tela, camisa blanca y corbata. Aparezco en el salón de fiestas y la primera colega que se cruza conmigo me mira de arriba a abajo y exclama: ”Vaya, a los niños españoles los visten como banqueros”, a lo que yo respondo supervisandola de abajo a arriba y cuando de mi boca iba a salir un “Vaya, a las niñas inglesas las visten como putas” el sentido común (y la falta de alcohol) hicieron de la prudencia virtud y la sangre no llegó al río

Luego llegaron las serpentinas, el confeti, los azucarillos volando... En este tipo de fiestas no hay término medio: o se está dentro o se está fuera. Así que me decidí por lo segundo y y me retiré a mis aposentos con discreción, que una retirada a tiempo es una victoria.

Mañana continúo.

lunes, 16 de julio de 2007

Castigado por desobediente


Pasamos el fin de semana en Londres para echar una mano al cuñado, quien se está mudando de casa. La mudanza resultó ser light por lo que dedicamos el domingo a explorar la capital a pata.

Como pernoctábamos cerca del palacete de la isabel nos tuvimos que tragar el espectáculo del cambio de guardia, los caballos cagando el pavimento, la muchedumbre alborozada y los bobbies (los policías ingleses) apaciguando a las masas. Imposible hacerse paso entre tanto alborato.

Una hora mas tarde. "Espera, vamos a entrar aquí" . No era una tienda de moda, ni un pub, ni un museo. Era el Arts Theatre, donde se representaban “las 37 obras de Shakespeare en una hora y media”. Esta es la mía, me dije. Aquí mato 37 pájaros de un tiro.

Conseguimos dos butacas a precio de saldo en la sesión matineé, que dirían los finos. Estábamos ubicados en una esquina de la primera fila, allá donde un altavoz maltrataba mi oído derecho, realmente próximos al escenario. Tanto es así que te llegaban los salivazos de los actores si te descuidabas. El espectáculo era muy entretenido. No era teatro clásico sino más bien alternativo. Tres actores parodiaban todas las obras del seikspir buscando la complicidad del público, desde niños hasta adultos con canas.

En un momento dado los actores piden la colaboración de las dos primeras filas. Quieren que levantemos los brazos y los ondeemos de izquierda a derecha y de derecha a izquierda mientras cantamos “Maybe, maybe not” (quizás, quizás no) con voz de falsete. Allá que se movilizaron las dos filas, todos muy gregarios menos yo, que con los brazos cruzados no me apetecía moverme un ápice. “Y una rábano. Va a mover los bracitos y cantar la tontería su padre”. Craso error.

Terminan los quince segundos de popularidad del vulgo cuando se acerca uno de los actores en mi dirección y dice a voz en grito:
- Vaya, vaya, aquí tenemos un caballero que piensa que esto de mover los brazos y cantar es una tontería.
"Tierra trágame. Pero qué he hecho yo para merecer esto?"
- Pues ahora te levantas y dirigiéndote al público vas a alzar y ondear tus brazos y cantar tú solito “maybe, maybe not”.
- Pero qué cabrones – pensé para mis adentros. Me quedé sentado en la butaca esperando que el temporal amainara, perdiendo tiempo como experto futbolista italiano en el final de un partido trascendente.
- Te estamos esperando – resonaban sus voces impacientes.

Así que allí me pueden imaginar, enfrente de cuatrocientas caras destartaladas de risa, moviendo los brazos en solitario y cantando con vocecilla amariconada “maybe, maybe not” como un auténtico gilipollas. Por listo.

domingo, 8 de julio de 2007

El viernes fui a un partido de cricket en directo con los compañeros del nuevo trabajo. La primera vez que vi este deporte al poco de llegar a este país y me preguntaron que qué me parecía, respondí que era como un partido de béisbol pero para señoritas. Casi me corren a gorrazos. Así que el viernes cerré el pico, que tampoco era cuestión de hacer enemigos tan pronto.

El cricket se juega en muchos de países que tuvieron una influencia británica (Australia, Canadá, Bangladesh, Sri Lanka, Zimbabwe….). No voy ni remotamente a intentar explicar los fundamentos del jueguecito. Lo importante para el interesado de salón es saber que juegan once contra once, normalmente vestidos de blanco impoluto y con pantalones largos (no olviden este detalle). Un partido dura cinco días y puede haber empate. Paran de vez en cuando para tomar el té y sándwiches. Si llueve no juegan. Se insultan entre sí de forma fina, sobre todo si hay australianos de por medio. Los curiosos pueden apreciar algunos de los pasajes del cricket en este vídeo (4 minutos).

Hace unos cuantos años me apunté a jugar un partido de cricket. Llegué al campo rodeado de ingleses muy ingleses, todos con sus pantalones blancos hasta los tobillos, con polos blancos de marca. Yo vestía la camiseta de Brasil y unos pantaloncillos cortos para tomar el sol. En cuanto aparecí el capitán preguntó con mala cara: “Quién ha traído a éste? Luego supe porqué.

La pelotita es de cuero y los profesionales, antes de que el uso la desgaste, la lanzan a 150 km. por hora. Por tanto los primeros bateadores son gente curtida, hábil, que soporta la presión y hacen frente a la agresividad de los lanzadores.

“El español va primero”, dijo el capitán en la breve charla táctica. Hubo voces de desacuerdo entre los compañeros. Aquello más que un favor parecía una venganza. La pelota, cuando nueva, te pude romper una costilla o desgraciar tus partes bajas. Estaba claro que no habían gustado mis pantaloncitos cortos. Parece ser que y había roto el sagrado código de la vestimenta.




lunes, 2 de julio de 2007

Sobre buitres y águilas

Están de mudanza en Downing Street. Toni le deja el pisito a Gordon. Se marcha un escocés y entra otro. Curioso, cambia el gobierno pero no se convocan elecciones. En este país votamos al partido, no al líder, me cuenta Darren. No como vosotros, ignorantes, le ha faltado añadir. Así que el nuevo presidente (primer ministro) está nombrando nuevo gabinete ministerial y yo me entretenía pensando qué ministro me gustaría ser si, por una casualidad, sonara el teléfono y me ofrecieran un puesto en el equipo.

Ministro de Turismo, eso es. A ver si aprendo algo para exportarlo a la madre patria. Ya he contado más de una vez en estas páginas mi admiración por la habilidad que tienen los anglosajones para organizar un sarao de pago con cuatro piedras, un castillo medio derruido o un jardín temático. Les doy un ejemplo más.

Matamos un domingo reciente asistiendo a una
exhibición de cetrería. Ya saben, ese arte de amaestramiento de halcones, cernícalos y demás aves rapaces. Tuvo lugar en Maple Durham, a tiro de piedra de Reading, a orillas del Támesis (siempre el Támesis). Precio de la entrada: 6 libras (9 euros). Joder con estos águilas, pensé. Estuve a punto de soltar lo que un amigo le espetó a la vendedora de entradas del Zoo de Madrid hace más de quince años, alarmado por el precio de la entrada: “Señorita, por ese precio tengo derecho a llevarme un animal, verdad?”


Resulta que no era por la exhibición en sí sino, sutilmente, por la entrada a los terrenos y el derecho de visita a su mansión de quinientos años con olor a naftalina (testigo de varias películas de Hollywood - la más conocida “The Eagle has landed” con Michael Caine), a su muy bien conservado molino de agua y a su huerto mustio. Afuera, en un cuarto bien aprovechado se ofrece té y pastelitos, la tienda de regalos es la puerta contigua. Ni que decir tiene que volví a casa unos 20 euros más pobre aunque, eso sí, entretenido y satisfecho. Se imaginan la cantidad de rincones romanos, árabes, medievales, napoleónicos, etc en nuestra piel de toro que se podrían explotar pero que están abandonados de la mano de Dios? No sabemos lo que tenemos.

Sin ir más lejos, para comprobar lo que digo y ahora que se cumplen los ochocientos años de la publicación de ‘
El Cantar de el mío Cid’, sugiero que visiten Vivar (provincia de Burgos), pueblo cuna de El Cid Campeador, héroe medieval inmortalizado al cine por Charlon Heston y , que para sí quisieran en este país. No esperen ver tiendas de recuerdos o de productos gastronómicos típicos, ni parking de pago, ni visita a su casa restaurada, ni guía de audio recreando su vida, Vayan, vayan, que cuando hayan dado dos vueltas a la plaza del pueblo, verán que no merece la pena bajarse del coche ni para ver su solitaria estatua ni el pobretón cartel que anuncia el Km O de su ruta conquistadora hasta Valencia.

En fin, me temo que en muchos sitios sobran buitres y faltan águilas.

miércoles, 27 de junio de 2007

Una imagen vale más que mil palabras

“Contigo ya somos cuatro españoles en esta empresa” - me dice un salmantino en la oficina. “A ver si un día de estos quedamos todos para almorzar. Conozco un restaurante cercano con un cocinero madrileño que hace unas tortillas de patata para chuparte los dedos.” El país estará dividido en rojos o azules, nacionalistas o españolistas, forofos del Barca o del Madrid... pero cuando se trata de cuidar al estómago, sobre todo si es en el exilio inglés, todos remamos en la misma dirección.

Esto me lleva a publicitar una extraordinaria bitácora de recetas de cocina mediterránea con la que me he topado mientras buscaba información sobre teléfonos móviles (ya ven, Google no es perfecto). Es de lo mejorcito que he visto en la Internet. Un cocinero altruista – el cocinero fiel, se hace llamar – enseña cómo cocinar recetas sencillas y con fundamento mediante cortos vídeos de cuatro minutos. No tiene desperdicio. Yo ya he trasladado el ordenador portátil a la cocina.


Adjunto abajo su vídeo sobre cómo cocinar una tortilla de patata. Su página en Youtube se puede acceder aquí y su bitácora aquí.






domingo, 24 de junio de 2007

Ser o no ser, convino

Qué hago yo aquí? me estaba preguntando bajo la fina lluvia (o calabobos, como lo llaman en los madriles). Aquello era una etapa más, la enésima, de mi culturización post-adolescente. Asistíamos a Midnight Summer Nights, obra de teatro del ídolo local Shakespeare, que se celebraba en los jardines y bosques de South Hill Park (Bracknell). Como suena: al aire libre. Eramos unos ciento cincuenta entusiastas, con bolsas de picnic, paraguas y chubasqueras.. Pena que no me llevé la cámara de fotos para aportar pruebas gráficas de aquel cuadro.

No me entero de nada, Es inglés antiguo, dice mi media naranja, adivinando mis pensamientos. A mi derecha una niña chupa una piruleta, absorta con las idas y venidas de los histéricos actores. No sabe que al mismo tiempo se está jugando final de la Copa del Rey de fútbol entre el Sevilla y el Getafe. Bendita ignorancia.

Me acuerdo entonces de que, entre los sándwiches, hemos traído una botellita Ribera del Duero que estaba de oferta en el Tesco. Saco el sacacorchos, una copa de plástico y media botella y cuarenta minutos más tarde, sigo sin enterarme de nada pero todo parece más entretenido.


Las penas con vino, son menos penas.

sábado, 23 de junio de 2007

Circo inglés

Este año no vamos. Ya fuimos una vez, participamos de la farándula y visto una vez, visto para siempre. Como el tenis en Wimbledon, el Open de golf, el cricket en Lord’s y las regatas de Henley. Hay que ir para verlo y luego contarlo.

Algunos habrán visto las imagenes en el noticiero: las carreras de Ascot. La gente emperifollada - ellas de trapitos y pamelas, ellos de traje -, la corona apostando nuestros pesetas, la carroza real bajando desde Windsor ante el aplauso de los presentes.. Las fotos en el Hola, glamour a doquier. .. Y un rábano. Les cuento mi versión.


Aquello es una bacanal equina pseudoaristocrática. Un picnic de bocharrillos y borrachillas, para decirlo claro. La mitad aparenta – los que pagan la entrada cara ; la otra mitad – los que veíamos el espectáculo desde el gallinero - ni nos molestábamos en aparentar. Lo que menos importa son los caballos. Qué exageración, dirán.


No hace falta ir para verlo. Unicamente pululen en estas fechas por las estaciones de Bracknell, de Reading, de Waterloo o de otras muchas que recorra el tren con salida y llegada a Ascot y contar las latas de cerveza, las botellas de vino o de espumante que ruedan en todos y cada uno de los vagones, y el hedor a alcohol que impregna todo.

Glamour, je, je. Sólo por la tele.

martes, 12 de junio de 2007

Echando de menos Inglaterra

Sé de algunos compatriotas que se están volviendo de este país a España. Entre ellos, hay un madrileño a quien no tengo el gusto de conocer pero a quien seguía (y sigo) su entretenida bitácora.

Una vez de vuelta en Madrid, ha publicado un post detallando dos listas de 30 cosas que va y no va a echar de menos de Inglaterra. Las reproduzco a continuación porque yo subscribiría el 90% de ellas y más de un lector sé que va a sentirse identificado.


"30 cosas que echaré de menos de Inglaterra"

  1. La BBC
  2. Los curry nights
  3. Que los bancos no me cobren comisiones
  4. Que no esté prohibido pisar el césped
  5. Que los policías sean amables y no lleven pistola
  6. Los picnics
  7. El British Museum
  8. Que me llamen sir en las tiendas
  9. Que los coches se paren en los pasos de zebra
  10. Las carreteras sin baches
  11. Conducir por country roads
  12. Ver películas sin doblar
  13. Amazon.co.uk
  14. Que hasta el frutero de la esquina tenga página web
  15. Los pubs
  16. La cerveza inglesa de microbrewery
  17. Que los porteros de discoteca me den las buenas noches
  18. Poder ir en bici al trabajo (si no fuera tan vago)
  19. Trabajar de 9 a 5
  20. Los salarios
  21. Poder hacer papeleos por correo
  22. El Taste the difference del Sainsbury's
  23. Las sopas de Covent Garden
  24. Las salchichas lincolnshire
  25. La clotted cream
  26. No tener que enseñar el DNI al pagar con tarjeta
  27. Las tarjetas de felicitación
  28. Los car boot sales
  29. Los taxis londinenses
  30. Que la gente diga por favor y gracias

30 cosas que no echaré de menos de Inglaterra

  1. El hormigón
  2. Los pueblos clónicos
  3. Que las tiendas cierren a las cinco
  4. Poner moqueta hasta en la cocina
  5. Las ventanas sin persianas
  6. Que en invierno, a las tres de la tarde, ya esté oscureciendo
  7. Que me pregunten qué tal me va por Londres
  8. Que me pregunten cuándo me vuelvo a España
  9. Antique Roadshow
  10. "Los 100 mejores programas de listas de televisión de domingo por la noche"
  11. Los documentales de Channel 5 sobre la II Guerra Mundial
  12. El café que no sabe a nada
  13. Las pintas de Fosters (o Carling)
  14. Que en los pubs no haya más tapa que panchitos o patatas fritas de bolsa
  15. Comer de sandwich delante del ordenador
  16. Los catering y bufés basados en hojaldritos de salchicha fría
  17. Las peleas de borrachos los viernes y sábados por la noche
  18. El Chicago's
  19. Las limusinas blancas con chicas chillando a través de la ventana
  20. Tomar kebab a las tres de la mañana antes de volverse a casa después de una noche de farra
  21. Los trajes a rayas de los ejecutivos y abogados
  22. Los vendedores del Currys (antes Dixon's)
  23. Los autobuses
  24. El metro
  25. Los trenes
  26. Las cartas amenazadoras de la TV license
  27. Las patatas fritas con sabor a pepinillo a la menta
  28. Los titulares del Daily Mail
  29. Que los fruteros me digan cheers mate
  30. Usar nombre ficticio al reservar mesa para no tener que deletrearlo

lunes, 4 de junio de 2007

Pastor de cisnes

Ya lo dice el refranero: “nunca digas de este agua no beberé” o “este cura no es mi padre”. Por la boca muere el pez y a mí me han salido escamas. Les cuento.

Sábado vespertino, temperatura agradable, viento de cola. Tranquilo paseo por la ribera del Támesis en la agradable compañía de Eduardo y Noelia, hablando de lo de siempre: que cómo están las hipotecas, que vaya con el desempleo, que si Margaret Thatcher levantara la cabeza, y esas cosas. Nos abrimos paso entre docenas de arrogantes cisnes reales y yo les miro de reojo, habiéndoles jurado odio eterno semanas atrás.

Vaya por Dios. Mi media naranja observa que uno se arrastra malamente, desangrándose a lo Paquirri. Que hacemos? nos preguntamos con la mirada. Una de dos, o que le jodan al cisne o que el cisne nos joda el sábado. En fin, toca hacer la buena acción del día. Esto me pasa por haber ido a un colegio de curas. Llamamos al teléfono de ayuda al cisne. No es broma, un cartelito explica que aquello es una especie de cisnelandia y ofrece un contacto de emergencia. Hay que joderse.

“Mire Vd. señorita, perdone que le moleste a estas horas del sábado pero hay un cisne al que le quedan dos telediarios como no venga un doctor de cisnes”. Mientras tanto, el ánade sigue arrastrándose en dirección al agua a duras penas y no nos atrevemos a cortarle el paso, no vaya a ser que el animalito muera matando, que como dicen en los ruedos, “hasta el rabo, todo es toro”. En eso aparece un ciclista y nos ordena que vigilemos al animalito, no vaya a ser que acabe en el río y luego no podamos identificarle entre tantos. Vaya, éramos pocos y parió la abuela. Un ciclista listillo. Lo que nos faltaba. Vete a doparte al Tour de Francia.

No pasaron cinco minutos de nuestra llamada cuando una rubia madurita aparece de la nada, pregunta por el cisne, lo agarra del pescuezo con una mano, lo asía de las patas con la otra y se lo lleva entre sus brazos como si fuera un saco de patatas. “Un favor más”, nos pide entre infinitos agradecimientos. Joder, a ver si ahora vamos a ser la madre teresa de los putos cisnes, pienso. “Los cisnes tendrían que estar en el río a estas horas del día pero alguien se dejó aquella compuerta abierta, con lo que corren el riesgo de acabar en la carretera y ser atropellados. Podríais reconducirlos hasta el agua?”

Y allí nos ven, yo con cara de gilipollas, velando por las criaturas y achuchandolas para que alcanzaran el agua.


No quería taza? Pues toma taza y media.

domingo, 13 de mayo de 2007

Cura de humildad

Hay un coqueto campo de golf cerca de donde nos alojamos y me acerco con intencion de demostrar lo que he aprendido en mi madastra patria. Llego a la caseta del club y pido el equipo completo.
- No tengo nada, vengo de fuera - digo como queriendo darme importancia. "Solo traigo el guante". Estoy a punto de decir algo asi como: "Alla, en Inglaterra, donde inventamos esto del golf, uno va por la calle con los palos con la misma familiaridad que vosotros llevais una guitarra española", pero me ahorro la leccion en el ultimo momento. A mi siempre me da la sensacion de que cuando venimos del extranjero de visita a nuestra madre patria, algunos sabiondos vamos un poco "sobraos", como que estamos por encima de nuestros mortales paisanos.

Pago la extorsion del alquiler de palos y el asistente del club me dice:
- Las bolas son a un euro cada una pero no te las cobro. Me las devuelves al final.


Diez minutos mas tarde, camino desde el hoyo 2 de vuelta a la caseta del club y musito timidamente:
- Me cobra las tres bolas que me ha prestado antes y esta vez me da seis, que al paso que voy van a emigrar prematuramente todos los patos del estanque.

Por un momento me parecio que el asistente pensaba: "Mejor que te dediques a la guitarra, chaval".

lunes, 23 de abril de 2007

Pasatiempos indígenas

El buen tiempo impera durante el fin de semana y nos llaman unos amigos ingleses para que vayamos a “disfrutar del sol y tomar el té en nuestro jardín”. Viniendo de ingleses, ésta es una muesta irrefutable de suma afección. Lástima que no dijeran algo del estilo: “veniros a la barbacoa y a tomar unas cervezas mientras vemos el fútbol” Qué le vamos a hacer, no todo el mundo cojea del mismo palo. Lo malo es que, conociendo a mis amigos - un poco a la antigua usanza además de cultos, educados y buena gente – sólo habría tres temas de conversación que irían encadenándose uno tras otro. A saber: la jardinería, el bricolaje y los pájaros. Ave maría purísima, la tarde que se nos avecinaba.

El bricolaje (con jota) es un pasatiempo universal en este país. Se presume que su popularidad es debida al hecho de que las casas son tan antiguas que siempre están en necesidad de reparación, de los precios tan altos que cobra cualquier ‘profesional’, de varios programas de televisión que lo promocionaron machaconamente y del clima miserable que sufrimos, por lo que o bien estas en el pub o bien arreglando algo en casa. Cada hogar británico gasta una media de 1.500 euros al año en bricolaje, que se dice pronto.

La jardinería es otra diversión nacional. Cualquier humilde morada tiene su pequeña parcelita de jardín (la mía es de cemento, por cierto) que se cuida con mimo cuando llega el buen tiempo. Todo hay que decirlo, los jardínes de cualquier rincón del Reino Unido son muy agradables de ver y pasear, incluso a los ojos de un cateto como los de un servidor.

Pero lo peor es lo de los pájaros. Una de las tradicionales aficiones es el birdwatching (mirar pájaros). Baste decir que la RSPB (Sociedad Real para la Protección de las Aves) tiene más de un millón de miembros registrados. La peña se pasa los fines de semana viajando por aquí y por allá para permanecer inmóviles durante horas y ver pájaritos y pajarracos. Incluso el hecho de que se aviste alguna especie atípica es motivo de mención en las primeras páginas de los periódicos serios.

Así que allí estaba yo, ocupando unas horas del fin de semana sentado en una incómoda silla de jardín, viendo las orquídeas crecer en la distancia, admirando las ventanas recién reparadas y ayudando a descifrar si aquel petirrojo era macho o hembra. Qué gozada. Al final no pude reprimir vocear lo que pasaba por mi cabeza y pregunté al propietario: “Oye, tú nunca has pensado en disparar a los pájaros desde la ventana de tu cocina?”. Debe ser muy español eso de avistar un pájaro y pensar inmediatamente en dispararlo. Sin embargo, por las caras que pusieron los presentes, lo más comedido fue guardar el arma, acabar el té y ahuecar el ala.

lunes, 2 de abril de 2007

Escapada galesa

Pasé el fin de semana en la bellísima península de Gower, en el sur de Gales. Sin ánimo de ofender, nótese que Gales no es lo mismo que Inglaterra.

Gran Bretaña (Great Britain) está formada por tres países: Inglaterra, Gales y Escocia. Están regidos por diferentes parlamentos y tienen distintas selecciones de fútbol pero joden al mundo unidos, llevan al mismo representante a Eurovisión y compiten con selecciones comunes en atletismo y natación, por ejemplo. Por qué? Ni puñetera idea. Para complicar el asunto un poco más, el Reino Unido (United Kingdom) es el “reino unido” de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Irlanda a secas (Irlanda del Sur o Eire) no forma parte de todo este tinglado y el que lo sugiera con cándida ignorancia se puede estar jugando la vida en presencia de un irlandés republicano.

Gales no ha dado al mundo muchos talentos. Los más conocidos son los “jones”: el cantante Tom y la bella Catherine Zeta. Dicen que el rey Arturo (el de la tabla redonda) tambien era galés pero igual es puro marketing. También se dice que el futbolista Michael Owen es galés pero como tiene una abuela inglesa pudo ganar más dinero y fama al otro lado de la frontera. Los galeses son buena gente aunque los que yo me he tropezado hasta la fecha parecen sufrir cierto complejo de inferioridad respecto a los ingleses.

Cada vez que voy a Gales me pregunto de qué vive la gente allí. Parece ser que de las ovejas, el turismo inglés, la administración pública, los subsidios de la Unión Europea y de unas cuantas fábricas que van cerrando poco a poco. Tampoco está mal. En Gales hablan un idioma propio, que es realmente impronunciable. Adjunto prueba gráfica.


El rincón donde estuvimos hospedados publicitaba su playa local (Oxwich Bay) como “una de las 12 más bellas playas del mundo”. Será de noche. Mucho más impresionado quedé con el espectáculo natural de Rhossili, un paisaje de rocas descubiertas por la baja mar, acantilados, infinita playa y cielos limpios que desde luego merece repetir visita. Muy recomendable.

lunes, 26 de marzo de 2007

Sobre humos y vapores

Dicen que el hombre es un animal social aunque, dada la cantidad de autistas sociales con los que tropiezo diariamente, a uno le da la impresión de que el arca de Noé hizo escala aquí para soltar sólo a los animales y se marchó con los humanos a otro parte. Hace un par de días tocó pelearse con uno de los animalitos en la sauna del gimnasio.

El mamífero en cuestión tiene los cuarenta largos, cara avejada y el pelo canoso cortado al uno. Está siempre tumbado en el mismo banco, ocupando bastante espacio, a sus anchas, como si la sauna fuera suya. Parece que está dormido pero no lo está; es que hace yoga. Eso del yoga debe ser la hostia.

El de Lucena y un servidor entramos al hervidero para sufrir un poco y, entre sudores, nos entreteníamos con lo de siempre: rajar. No parábamos de rajar sobre el estado de la nación, la novia del príncipe Guillermo, los cabrones de los mecánicos y la virgen en verso. Eso sí, con tono contenido y respetuoso, no como verduleras. Así fue como conocimos a Iñigo, el donostiarra, hace un par de meses, que un día nos oyó parlotear y se le alegró la tarde, que aquel sitio siempre parece un funeral.

En fin, en esas estábamos, pasando revista a la actualidad internacional, cuando el cuarentón rompió la paz del lugar abruptamente.
- Diez segundos, diez!!! – bramó girándose a nosotros.
- Qué pasa? Dónde hay fuego? – respondimos sobresaltados
- Diez segundos es el silencio más largo que haceis, lo llevo conometrando desde hace días. Aquí no hay quien descanse! No parais de hablar! - habló el hijo de la gran bretaña.

Vaya humitos. Ya nos habíamos percatado en días anteriores de que algún usuario no estaba muy satisfecho con nuestra diarrea verbal, supongo que con el añadido de que no entendía de qué hablábamos y, por ende, no sabía si también estábamos mentando a su madre - como ha sido alguna vez el caso, por cierto. Pero qué le vamos a hacer, tenemos sangre en las venas y no horchata.

Nos enzarzamos en una discusión tonta con el cuarentón mala-follá. Eso sí, enmascarada de sonrisas y buen rollito, aunque “entre col y col, lechuga”, que el tipo estaba ciertamente molesto y nosotros también íbamos camino de ello. Entró entonces más gente a la sauna y a todo el mundo le dió por opinar sobre el tema ante el enojo del yoguista, quien ya no pudo encontrar paz para volver a su mundo interior.

Me parece que empezaremos a ir a la sauna con más frecuencia. Sólo por joder, vamos.

lunes, 12 de febrero de 2007

Sobre otros sujeta-puertas

El gallego-cordobés y un servidor salimos del gimnasio el sábado a media tarde y decidimos ir a hidratarnos rápidamente, que es lo que recomiendan los expertos después de haber practicado un trote cochinero durante media hora mientras veíamos el partido de fútbol en el canal de pago que no tenemos en casa. Y qué mejor hidratación que una pinta de cerveza antes que agua, que es para las ranas y los peces que nadan bien, y además no sabe a nada.

Paramos a repostar en un garito desconocido para mí, el Jazz Café, un local enclavado en el Madjeski Stadium (el estadio de fútbol del Reading CF), y por ende, de buena reputación. El local estaba prácticamente desierto, recién abierto. Nos recibe un negrito en la puerta, un Eddie Murphy pero más esmirriado:
- Vosotros sois los músicos? – nos pregunta
- Pues no – respodemos sorprendidos. "Que Dios te conserve el oido porque la vista ya la has perdido" pensaba yo para mis adentros. Queríamos entrar a tomar una cerveza - añado.
- Esperad un momento – y desaparece detrás de una puerta “para preguntar”.
En el norte de este país dirían muy sutilmente que el tipo era “a sandwich short of a picnic” (un picnic escaso de sandwiches) y en el sur que“the lift does not get to the top” (el ascensor no le subía hasta la cabeza). O sea, que no era el más listo del lugar, precisamente.
Así que esperamos para ver qué excusa del catálogo se sacaba de la chistera para no dejarnos entrar.
- Son 5 libras (7 euros) por cabeza por entrar – dice el mandado al volver. Diez libras que, por supuesto, irían directamente a su bolsillo.
- Pero vamos a ver… replicamos al unísono en plan Faemino y Cansado. Y ahí caemos en el error de intentar hacer entrar en razón a un portero de club, un esfuerzo baladí.
Aparece otro negro, este ya más corpulento, y señalando a Diego, espeta:
- Tu no puedes entrar, que llevas camiseta.
Esta es la segunda excusa más popular. Y si no, es que llevas zapatillas, o vaqueros, o sois dos varones juntos y mejor que vengais mezclados porque si no estais buscando pelea, o te piden el DNI que nadie lleva encima, o no estas en la lista de invitados, etc. etc. etc. Porca miseria.

Entonces vacilamos por un segundo entre mentar a su madre y meternos en problemas o hacerle la cruz al sitio y no aparecer nunca más. Esto último hicimos, que ninguno de los dos somos muy veloces en las distancias cortas, y nos fuimos con la música a otra parte.

martes, 6 de febrero de 2007

Vacas y coches

Pasamos el fin de semana buscando coches de segunda mano. Cuando empecé este trabajo me asignaron un coche de empresa –esta práctica es relativamente normal en este país; más de un millón de coches de empresa circulan por las carreteras inglesas – pero como me “recolocaron”, dijeron que me quitaban el coche aunque me lo dejaban tres meses más para que me acostumbrara al disgusto.

Tres meses después, decidí tentar a la suerte, no devolver el coche, y así comprobar cuándo se darían cuenta vistos los despropósitos que imperan en esta organización. Y en efecto, nadie se percató hasta que al nuevo jefe supremo se le ocurrió seguir recortando gastos y entonces apareció mi nombre, todavía en la lista de los ‘con-coche’. “Recordaremos a Javier que el plazo ha terminado y le preguntaremos cuándo va a devolvernos el coche” – escribieron en un correo electrónico. Nótese la educación y falta de mala hostia. Así da gusto delinquir. Entonces alguien me preguntó por la devolución del coche y me dieron ganas de pedir Gibraltar a cambio. Pero me contuve, correspondí con mirada de póquer y sin darle importancia ni dando explicaciones dije: “El miércoles”. Esto es lo que llaman aquí ser un “brass neck”(o caradura, en castellano). He tardado ocho años en aprender la técnica y eso que hay muy buenos maestros por estos lares.

En fin, vuelvo a la historia del fin de semana. Yo miraba los coches, los rodeaba con atención como mirándolos al trasluz, y recordaba a Raúl “el rapid”, antes vaquero y ahora albañil, cuando en sus tiempos de ordeñador de vacas me decía: “Ves ésta? Pues vale medio millón de pesetas”. Y yo, adolescente aún, miraba a la vaca, sus cuatro patas, dos cuernos, rabo y unas ubres del copón y me parecía igual a las otras veinte vacunas que apestaban aquella cuadra. Pues con los coches, igual.

Al final nos decidimos por la vaca con más papeles en regla y el vendedor que parecía menos mentirosillo.